El Castillo Ursino representa
simbólicamente la historia de la ciudad de Catania desde el siglo
XIII a nuestros días.
Lo habitaron
parlamentarios y reyes aragoneses, entre ellos Jaime de Aragón y la
Reina María, hija de Federico III de Aragón y de Blanca de Navarra.
Levantado en 1239 por el
arquitecto militar Riccardo da Lentini por voluntad de Federico II
de Suabia, ha sufrido, con el tiempo, numerosas reconstrucciones y
restauraciones. Inicialmente se levantaba sobre el mar, justo donde
se extendía el antiguo puerto sarraceno, sobre una colina que
dominaba el centro urbano.
Probablemente el nombre deriva del
latín Castrum Sinus (castillo del golfo). El lado meridional
debía, de hecho, estar dotado con un pasaje que unía el puerto al
castillo, pero que las excavaciones arqueológicas no han sacado a la
luz todavía.
La estructura de planta cuadrada
se construye alrededor de un patio descubierto. En tres lados del
patio se abren tres grandes salas rectangulares, una por cada lado.
En el lado
oriental hay tres salas centrales y dos, en las extremidades, de
comunicación. En los ángulos del castillo se levantan cuatro torres
cilíndricas, mientras que en los puntos medios de cada lado se
levantan cuatro torres semicilíndricas más pequeñas.
De las cuales han sobrevivido al
terremoto de 1693 sólo las dos del lado norte y del lado oeste.
Desde las salas
rectangulares es posible acceder a las torres medianas que han
quedado íntegras, mientras que a las torres angulares se accede por
cuatro pequeños ambientes de planta cuadrada.
Resulta un recorrido continuo y de
ritmo regular, y cerrado en torno al patio, constituido por los ocho
ambientes secuenciales.
Las torres angulares, circulares
al exterior, resultan ser de planta octogonal en el interior,
coronadas por bóvedas gallonadas. Estudioso de matemáticas y de
astronomía, Federico II quiso seguramente que la construcción
tuviese un claro referente con la cábala (forma de mística esotérica
para revelar al Creador de los seres creados). El octógono, de hecho,
es el resultado de las intersecciones de un círculo que representa
el poder divino, con un cuadrado, que simboliza el poder temporal.
La figura octogonal alude al poder divino sobre la tierra del
emperador.
En el castillo es posible observar
el símbolo del águila, se dice que representa el poder divino del
emperador suevo, pero ninguna documentación comprueba que esta
águila sea el emblema del emperador. Federico II de Suebia, hijo de
Enrique IV, fue rey de Sicilia de 1198 a 1250. Conocía nueve lenguas
y amaba el estudio de las matemáticas y de la astronomía. Reunió en
su corte a numerosos poetas y literatos dando vida a la Escuela
Poética Siciliana, en la que el siciliano se mezcló con la lengua
provenzal inventando la primera lengua nacional, aunque se usaba
sólo en el ámbito literario.
En 1224 instituyó en
Nápoles la primera universidad laica de la historia de Occidente. El
ateneo de Bolonia, de hecho, sufría el control papal, mientras que
la universidad de Padua nació como una ampliación de la universidad
de Bolonia. Eliminó en el Reino impuestos y monopolios de estado,
convirtiéndose en uno de los reyes más queridos de la historia
siciliana.
La dinastia sueva reinó en Sicilia
hasta 1282.
Construido alrededor del patio
cuadrado central, el castillo presentaba cuatro grandes salas,
flanqueadas por cuatro salas menores. Cada gran sala se dividía en
tres tramos. De éstas, tres salas estaban cubiertas con bóveda de
crucería nervada (con nervaduras de refuerzo de la bóveda), que se
dividían desde los capiteles decorados con flores, a su vez
colocados sobre dos de las semicolumnas de los muros; una cuarta
sala se cubría con una bóveda ojival, que se dividía con arcos
colocados sobre pilastras.
Las salas menores
estaban rematadas con bóvedas de crucería nervada, que se dividían
sea con ménsulas que con pilastras. Las torres angulares presentaban
bóvedas gallonadas con nervios arrancando desde ménsulas y detenidos
por la clave de la bóveda.
Encerrada entre las cuatro torres,
la estructura se levanta imponente con una altura de treinta metos.
Para la realización de las obras de mampostería se usaron diversos
materiales: los cimientos se construyeron en caliza y en piedra
lávica, material que fue encontrado en el lugar; la base está
realizada con bloques cuadrados de piedra lávica; el resto de la
estructura está construida con una mezcla de piedras trituradas de
varios géneros.
De las decoraciones
externas quedan sólo dos elementos.
En el frente
septentrional es posible observar un nicho con arco trilobulado que
encierra un águila, símbolo del emperador, que destroza entre las
garras a un cordero, símbolo del pueblo que había osado rebelarse.
En el frente oriental es visible
una incrustación del Pentalfa (o Pentagrama), estrella de cinco
puntas, por algunos estudiosos erróneamente llamada Estrella de
David, símbolo hebreo de seis puntas.
El edificio federiciano presenta
cuatro torres de treinta metros de altura y con un diámetro superior
a los 10 metros.
La torre septentrional
de la derecha era llamada de la Bandera, por la usanza en el
periodo de los Anjou y aragoneses de izar las banderas de la val di
Noto y de la val Demone. La
otra torre era llamada Martorio, porque era utilizada para la
tortura.
Una de las dos torres meridionales
era llamada de la Sala, porque era vecina a la sala de los
Parlamentos, la otra del Almacén, porque era utilizada como
depósito de armas.
Federico de Aragón en
1391 hizo construir las dos torres centrales más pequeñas, con un
diámetro igual a siete metros, que en 1554 fueron denominadas de San Jorge y de la
Santa Cruz.
Bajo la sala del Parlamento, de
hecho, fue ubicada una capilla dedicada a S. Jorge. Con el terremoto
de 1693 dos torres medianas cayeron. De la torre mediana
septentrional es hoy posible acceder a las oficinas administrativas
del Museo.
Cuando en 1669 las lavas se
vertieron sobre la ciudad, sumergiendo el lago de Nicito y los ríos
Lognina y Amenano, cambiando la orografía del territorio y de la
costa, el castillo fue rodeado por el magma y alejado del mar un
centenar de metros.
El sucesivo terremoto
de 1693, que destruyó buena parte de las construcciones ciudadanas,
causó notables lesiones a la estructura y el derrumbe de dos torres
medias. No está documentada,
sin embargo, la presencia de un foso en torno al castillo, citado
por el escritor Federico De Roberto, y de un puente levadizo.
Las estratificaciones
lávicas entierran todavía partes de la imponente edificación.
Las excavaciones
arqueológicas conducidas en el terreno han encontrado las antiguas
garitas, probablemente parte de la línea de muralla de Carlos V.