El Museo Cívico, alojado en el
corazón de la ciudad histórica dentro del Castillo Ursino,
importante destino de estudios arqueológicos, históricos y de
restauración, es el museo más importante de Catania por la cantidad
y variedad de su colección.
Desde las tablillas de inspiración
bizantina del siglo XV a los óleos sobre lienzo del siglo XIX, el
museo presume de una riquísima pinacoteca, a la que se añaden
numerosos restos arqueológicos de época helenística y romana,
vasijas griegas, monedas griegas y romanas, portadas del siglo XIII
y XV, grabados, estampas, paramentos litúrgicos y objetos artísticos
ornamentales de diferentes épocas.
Por motivos técnicos, y por
desgracia, actualmente puede disfrutarse sólo de una parte de la
colección, que comprende, en cualquier caso, restos de gran valor.
La colección cívica, hoy alojada
en las salas del Castillo Ursino, se compone de diferentes
colecciones históricas adquiridas por donación del Ayuntamiento de
Catania a lo largo de los últimos dos siglos. Entre estas, la
colección del príncipe Ignazio Paternò Castello di Biscari y la
colección benedictina son con seguridad las más amplias.
La colección del Museo nace en
1826, cuando Giovan Battista Finocchiaro entrega a la ciudad la
propia colección de cuadros de las áreas palermitana, flamenca y
napolitana.
En 1867 se adquieren numerosas
obras a continuación de la supresión de las órdenes religiosas por
la ley Siccardi, de modo que, inaugurado el Museo de la Ciudad en
las salas del monasterio benedictino, el primer núcleo que
constituía la colección cívica fue ampliado.
La colección del Monasterio de los
Benedictinos, nacida en el siglo XVIII por obra del abad Vito Amico,
pasa al Museo Cívico en 1867.
Está formada en su
mayor parte por restos griegos y romanos hallados durante
excavaciones en la ciudad de Catania y adquiridos en Roma o Nápoles.
Entre 1927 y 1930, el
entonces príncipe de Biscari, Roberto, junto a los otros herederos,
dona a la ciudad la colección del museo Biscari, formada por restos
del periodo helenístico-romano provenientes de excavaciones
arqueológicas conducidas en la ciudad y por vasijas encontradas en
las excavaciones de la antigua Camarina y adquiridas en Roma,
Florencia y Nápoles.
La colección ha
continuado enriqueciéndose en el tiempo, acogiendo los restos de las
excavaciones arqueológicas de la ciudad.
Gran parte de la
colección pictórica es fruto de donaciones de ciudadanos privados.
En el primer decenio del
siglo XX, el heredero del pintor catanés Michele Rapisardi dona,
probablemente bajo el estímulo del entonces director del Museo,
Francesco Di Bartolo, la colección compuesta por cuadros del mismo
Michele y del padre Giuseppe además de obras de procedencia
napolitana.
En los años treinta, son donadas
al museo por el príncipe Roberto Biscari algunas obras pictóricas,
por el músico Giovanni Bianca Gandolfo algunos cuadros de Gandolfo y
por el ingeniero Francesco Mirone obras de los siglos XVIII y XIX.
El barón Giuseppe Zappalà Asmundo
en 1934 dona algunos lienzos del periodo verista de la pintura
siciliana. La colección continúa enriqueciéndose con donaciones y
adquisiciones a lo largo de los años cuarenta y sesenta con las
donaciones del ingeniero Natale Balsamo en 1947, de Maria Brizzi De
Federicis en 1967, y de otros ciudadanos privados.
La colección comprende
obras realizadas entre los siglos XV y XIX.
Del periodo renacentista el
castillo custodia cuadros de Bernardino Niger, Luis de Morales y
Antonello de Saliba.
Del periodo barroco están
presentes obras de Pietro Novelli y Matthias Stomer (de la escuela
caravaggesca).
No faltan obras de los artistas
cataneses Sciuti, Rapisardi, Attanasio y Liotta. La “perla” del
museo cívico, así como la definió el escritor Federico De Roberto,
nativo de la ciudad, es ciertamente La Virgen en trono con niño
de Antonello de Saliba.
En 1826 Giovan Battista
Finocchiaro, presidente de la Suprema Corte de Justicia, dona a la
ciudad de Catania, con el fin de embellecer la Casa Consistorial, su
propia colección de cuadros celosamente guardados en su residencia,
situada en el barrio Santa Ninfa de Palermo.
El ilustre personaje dio un fuerte
impulso a la institución en la ciudad de Catania de una Pinacoteca,
tras el ejemplo de aquella formada en Palermo en 1814 gracias a las
donaciones del Príncipe de Belmonte.
De la colección forman parte
ciento veintitrés cuadros de finísima factura, procedentes del área
palermitana, flamenca, napolitana y genovesa.
Entre los cuadros de la colección,
de notable valor son el San Cristóbal de Pietro Novelli,
algunos cuadros de Gaspare Serenario, atribuidos por el mismo
Finocchiaro, y el Cristo vejado de Stomer.
En el periodo siguiente al
terremoto de 1693, que destruyó la ciudad de Catania, el Príncipe
Vincenzo de Biscari, padre de Ignazio, comenzó a recuperar, de entre
las ruinas de las excavaciones, mármoles y restos medievales y
renacentistas.
Tras los descubrimientos de
Pompeya, Paestum y de Herculano en el siglo XVIII, se desató en toda
Europa la pasión por la arqueología, a la que el Príncipe Ignazio
Paternò Castello di Biscari no se sustrajo.
En 1758 se inauguró el
Museo Biscari, en el que confluyen todos los restos que el ilustre
personaje encontró en las excavaciones que supervisaba en la val de
Noto y en la val Demone y las adquisiciones que llevó a cabo en los
anticuarios napolitanos y romanos.
El Museo se dividía en
dos secciones: el Museo de Antiquariado, que custodiaba los
restos arqueológicos, y el Gabinete de historia natural, que
recogía fósiles, conchas, ámbar y otros restos naturales.
Tras la muerte del Príncipe, el
estado de degradación de la colección del Museo Biscari era tal que,
entre 1927 y 1930, fue donada por los herederos al Municipio.
La colección de los Benedictinos
está unida a la actividad desarrollada por los padres benedictinos
Vito Maria Amico, intelectual entre los más prestigiosos de Sicilia
y docente de historia civil, y Placido Scammacca, que en la segunda
mitad del siglo XVIII dieron inicio a la colección de vasijas y
bronces antiguos, restos de época romana, cuadros del siglo XVIII y
“curiosidades de historia natural”.
La colección, custodiada en el
convento de San Nicolò all’Arena, competía en valor y vastedad con
la de los Biscari. En 1867, con la supresión de los conventos por
obra de las leyes Siccardi, se instituyó el Museo Cívico en las
salas del monasterio que hoy ocupan las “Bibliotecas reunidas Cívica
y Ursino Recupero” y la colección benedictina se convirtió en
colección cívica.
Tras los terremotos de
1693 y de 1818 el castillo sufre notables daños.
En 1837 el edificio, que cambia de
nombre a Fuerte Fernando, ya parcialmente utilizado como prisión,
sufre una intervención que le cambia la disposición original para
ser reutilizado militarmente.
En 1860 es destinado a
cuartel. En el patio, sobre la fachada meridional, todavía pueden
verse los graffitis de los prisioneros.
En 1934, cuando el castillo se
convierte en museo, se restaura con una intervención de
reconstrucción dirigida a modificar el estilo arquitectónico suebo.
De la comisión de restauración formaban parte el ingeniero Ercole
Fischetti y el arquitecto Francesco Fichera, alumno de Ernesto
Basile, exponente destacado del estilo Liberty en Sicilia.
La intervención de
restauración de 1934, en línea con las transformaciones estilísticas
de la época, no fue ciertamente ejecutada según los principios que
guían la restauración moderna.
Sin embargo, es
necesario evaluar de forma positiva el intento de sacar a la luz
algunas partes de la estructura original: en la planta baja, en la
gran sala septentrional , se abolieron las divisiones interiores y
fueron recuperados a la vista las bóvedas de crucería y la puerta
ojival de acceso al patio; fueron demolidos los muros divisorios del
salón meridional, perdiéndose las bóvedas de arcos rebajados que
sostenían, y del lado occidental, que había sido dividido en
establos, cocina y escalera para la prisión que se encontraba debajo.
En la Sala del Parlamento
se liberó la gran bóveda de medio cañón que sacó a la luz los huecos
para el encaje de las vigas del techo de madera del Cinquecento.
En 1934 se cumplieron algunas
reedificaciones de la estructura, alterando la disposición del
castillo fruto de estratificaciones, por ejemplo, fue reconstruida
de nuevo la perdida bóveda gallonada de la torre sud-occidental.
En el salón occidental se
construyó una ventana de tipo ojival y se retiró la escalinata del
siglo XIX que conducía al piso superior. Bajo esta escalinata se
encontró una escalera en rampa que se remonta quizás al siglo XVI.
Sobre la fachada oriental interna se cerraron las balconadas que se
asomaban sobre el patio (dieciocho en tres alturas) y reducidas a
ventanas cuatro de las aperturas del segundo nivel.
La sala del lado oriental, que se
reconoce desde el exterior por la estrella de cinco puntas, fue
privada de la decimonónica bóveda de única luz, y sustituida por un
techo de madera. La escalera externa que conduce del patio a la Sala del Parlamento, construida en el siglo XVI, fue rehecha en
estilo gótico-catalán, de manera que aparece como una única rampa
que apoya sobre un arco con paramento en piedra calcárea.
Museo Cívico del Castillo Ursino:
Plaza Federico de Svevia
Tel 095 345830
Fax 095 7233568 Horario de apertura:
de lunes a sábado 9:00h./13:00h. domingo y festivos cerrado
Entrada: entrada gratuita. El horario del museo y el precio
de las entradas pueden estar sujetos a cambios